Existen tres principios básicos en los que se fundamenta el Feng Shui y que definen el chi: todo está vivo, todo está relacionado y todo cambia. Es decir, el chi es la energía vital que anima, interrelaciona y lo pone todo en movimiento a través de los distintos ciclos de la vida.
El chi existe en la concepción y cuando morimos nos abandona. Esta energía conduce nuestros pensamientos y nuestras emociones de la misma forma que la sangre transporta los alimentos necesarios para nuestras células.
Para entender como fluye el chi o energía vital por nuestra casa, imaginemos un río en su tramo por un terreno poco abrupto: creando meandros, curvas suaves, marcando las orillas. Nuestro río resulta vitalizante, su sonido nos renueva, pero puede que en algún momento, debido al terreno, el agua quede retenida en un recodo. Si visualizamos esta imagen, vemos lo que ocurre en las orillas y los recodos. El río transporta hojarasca y pequeños troncos que ha ido arrastrando a lo largo del recorrido, al bajar el caudal, todo esto se acumula en la orilla y en especial en los recodos. Lo mismo ocurre con el chi de nuestra casa: los pasillos son los cauces de los ríos, las habitaciones grandes recodos y en los rincones el chi se estanca.

EL CHI PERSONAL

La filosofía oriental considera la energía chi de cada ser humano circulando a través de unos canales y meridianos, recibiendo energía ascendente de la tierra (yin) y energía descendente del cosmos (yang).
Es importante ser conscientes de esta energía vital que poseemos todos y cuyo fluir armonioso a lo largo y ancho de nuestro cuerpo constituye la base de nuestra salud y bienestar.
Al considerar la vivienda y nuestro lugar de trabajo como organismos en los cuales nos instalamos y cohabitamos, cuidar la calidad y fluir del chi es, en definitiva, ser conscientes de que vivimos con el lugar, no sólo dentro de él y de que lo que nos afecta, altera la calidad de nuestro chi personal.
Una concentración beneficiosa de chi nos aporta una actitud positiva hacia la vida. Cuando nos sentimos fuertes, chi en abundancia, ningún reto parece demasiado grande. La depresión, sin embargo, se asocia al chi estancado y nos despoja de la capacidad de planificar cosas, de avanzar y crecer.